Inma Peñaranda Titan Desert 2015

En la vulnerabilidad está la esencia de los valientes

Me sucede escribiendo como a Pastora Soler cuando tiene que cantar: siento pánico escénico. Me paralizo cuando escucho mi voz interna que me dicta en tropel grandes titulares. Y es que quiero contar lo que quiero contar, sin más; como cuando se lo contaba a mi abuela Carmen para que me entendiera.  Como ya os he dicho en alguno de los primeros posts tengo un nuevo reto, escribir un libro. Hasta ahora era una idea, era un no saber bien qué iba a cocinar hasta que no fuera al desierto con los titanes y viviera a su lado la experiencia. Pero ya estoy aquí. Ya he vuelto. Y sigo modo ‘Cocooning’  procesando sensaciones, imágenes y emociones que me conectan y no paro de darle al bolo. Como Pastora Soler quería cantar yo quiero contar pero sólo me expreso en el más absoluto silencio.

Desde mi regreso del desierto tengo una nueva rutina en el primer café de la mañana: escuchar “Ho Hey”, la canción que despertaba a los titanes en la carrera cada día. Es una de las cosas que me conecta. Y tengo un pensamiento recurrente: “las prisas son malas consejeras”. Así que sigo buscando mi propio ritmo, disfrutando de esos momentos únicos que nos ha dado la Titan. Voy recordando anécdotas, asentando los primeros aprendizajes que me van llevando a una nueva mirada, a nuevos sentires del desierto. A vivirlo desde este nuevo prisma. Me repito una y otra vez las mismas preguntas ¿qué es lo que me ha llevado otra vez al desierto? ¿qué quiero contar? ¿qué es lo que hace la diferencia en los Titanes?

Las respuestas a estas cuestiones van dibujándose con más claridad a medida que ordeno mis pensamientos y las vivencias reposan. Se enfrían los calores de haber encontrado almas gemelas, gente en la que me he visto reflejada como en un espejo. Durante los siete días de la carrera hemos vivido momentos de mucha intensidad que guardaré para siempre en el recuerdo de las conversaciones “titaneras”. Y, por qué no decirlo, se enfrían también los calores de haber sido testigo de muchas evidencias y emociones tóxicas que me han hecho sentir rabia, enfado, incluso decepción. Todas estas vivencias, fruto de haber vivido la experiencia en primera persona, son los mimbres que harán el cesto. En más de una ocasión mi discurso interior ha sido ácido y crítico, como resultado de querer interiorizar lo más humano y divino de la Titan Desert y sus titanes. Pero necesitaba tiempo y distancia. Y con estas respuestas ya reposadas mi guión se va encarando hacia una mirada con la que retratar cómo funcionan los egos en el ecosistema de los titanes.

Quizá he ninguneado la idea de ¿qué es ser Titán? Todos somos titanes en algún momento de la vida y sé que ahí tengo un filón que os podría contar de mil maneras.

Y desde la distancia que me han dado estas semanas he descubierto una analogía del proceso de la ‘llamada del Titán’ y la ‘llamada del Héroe’ como camino de superación y autenticidad ante los momentos de la verdad. Llamadas que todos sentimos en algún momento y que se presentan como una ‘iluminación o un rayo’. Circunstancias de la vida que nos sacan de la zona de confort y nos retan para transformar y poner en valor algún propósito vital. La clave es que lo importante no es lo que te pasa, sino cómo vives lo que te pasa. Tú eliges ser víctima o protagonista, esto es lo que hace la diferencia.

Como ya os he contado en anteriores posts, tengo claro que mi llamada de Titán llegó en el mismo momento en que Luis, mi hijo, me dijo con determinación: “mamá yo quiero hacer la Titan para cerrar el duelo de papá y la travesía de dolor y oscuridad que juntos hemos vivido en los últimos años de mi adolescencia, y quiero que estés ‘on board’ conmigo”. Su reto está servido, ya es un Titán. Es mi reto el que empieza ahora. Quiero escribir un libro de esos que ponen la “piel de gallina”, con coraje y superando los miedos de mi versión de ser escritora por primera vez y decidir qué quiero contar al mundo. Es a mí a quien le toca salir de mi zona de confort.

Lo que es innegable y he aprendido de primera mano es que el espíritu de la Titan tiene en su esencia valentía y capacidad de superación. Y como dice Oscar Higares, titán y torero, “a los nuevos proyectos míralos de frente y al desnudo”. Y en esa situación es en la que estoy yo, respondiendo a mi llamada. Así que me mojo.

En primer lugar, entre los participantes de la Titan Desert hay un porcentaje muy bajo de profesionales que van a ganar. Que son campeones en el sentido deportivo de la palabra, son los que llegan los primeros. Un perfil de persona que conozco bien, como el de los directivos que, en otro tipo de carrera, quieren llegar alto, no lejos. Un perfil muy competitivo, casi depredador.

En segundo lugar, el puntazo de postureo que hay en algunos de esos titanes. No hay más que ver cómo van todos como si fuera domingo por la mañana para ir a la plaza del pueblo en un juego de exhibición que ahora ha cambiado la plaza por el muro de Facebook.

En tercer lugar “la peña”, equipos que parecían adolescentes cuando van de campamento. Un poco ajenos al ranking, ajenos a la competición más pura, y más centrados en divertirse, reencontrarse, escapar de la realidad cotidiana.

Y cuarto y último, las historias con las que yo me quedo. Las anónimas, las bonitas, historias de personas llenas de energía y pasión que viven esta gesta de atravesar el desierto en bicicleta como un acto de valentía y superación. Esas historias que nos regalaba la convivencia, el cuerpo a cuerpo, el tejido enorme de tanta gente compartiéndose. Historias de personas que llegarán lejos y no alto. Y de corazón les agradezco que las compartieran. El desierto no sólo pone a cada uno en su sitio, sino que hace que cada uno cuente su historia, cómo le va.

Mi aprendizaje personal en esta Titan Desert es que ‘ser auténtico’ es lo más importante. Y requiere estar en permanente atención y presencia. Cuando vives con mucho ruido, exceso de “multitasking” o preocupaciones, es vivir un sin vivir. No respondes al entorno sino que reaccionas y no eres consciente del impacto que tienes en las relaciones con otros. Y esto nos hace vivir escondidos, sin exponernos. Y en la vulnerabilidad es donde está la esencia de los valientes. Una vulnerabilidad que en el desierto estaba muy presente.

201 Comentarios
  • Me gusta lo que dices… No hay valentía sin vulnerabilidad… Lo otro es ser temeroso o temerario. Si contacto contigo, sólo hay enajenación. Gracias por tu reflexión, Imma. Que sigas ayudando a la gente a superar sus desiertos…

    2 junio, 2015 a 09:35
    • inma peñaranda jó
      Responder

      Gracies Francesc ,))

      8 junio, 2015 a 23:33
  • juan babot mestere
    Responder

    Inma el proyecto esta tomando forma, gran resumen de lo que representa la titan para unos y para otros, en la vida todos valemos para alguna cosa, seguro que yo no sirvo para escribir, y tu no sirves para realizar la titan, pero los dos valemos para demostrar muchas cosas.

    Un abrazo

    3 junio, 2015 a 07:41
  • inma peñaranda jó
    Responder

    Juan tu optimismo me contagia, eres muy generoso. Gracias!!!

    8 junio, 2015 a 23:35

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