• Inma Peñaranda
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Revolución digital en la vida personal

Señ[email protected], la revolución digital no es una novedad, es un hecho que lleva en nuestras vidas más de cuatro décadas. Hay que perderle el miedo. Por eso yo abandero el #Noalacojoningdigital. Porque tenemos el privilegio de ser protagonistas de esta revolución, y no víctimas. No es tan importante qué es lo que pasa en el mundo digital, sino cómo lo vivimos. Nuestra actitud. Nuestra apertura y flexibilidad a la hora de sumarnos a ella.

El hecho es que estamos hiperconectados, por la red circulan miles de millones de bits de información a gran velocidad. Es el poder de la tecnología. Éste es el lenguaje con el que nos manejamos ahora, y es el lenguaje el que crea la realidad. Vivamos esta realidad. Hay que subirse a la ola y surfearla, combinando nuestra mejor versión online y offline. ¡Y además es divertido!

Os cuento cómo lo vivo yo. Mi versión online 5.5 es la prueba de mi optimismo digital y mi curiosidad. Una curiosidad que voy satisfaciendo a medida que mejoro y mi número de versión crece.  A punto de estrenar mi nueva versión 5.6, un valor al alza, con actualizaciones, correcciones de la versión anterior, mejores y mayores posibilidades. Y vivido así tiene sentido.

Mi versión online convive con mi versión offline, que podría ser mucho más despiadada. Porque (aunque no es el caso) una mujer de 55 años está en el umbral de la madurez… ¡Si uno se despista puede pensar que le quedan dos telediarios en el mundo laboral! Llega un momento en la vida en el que las comparaciones con la eterna juventud son tediosas.

Pero, ¿qué está de verdad cambiando en nuestras vidas, nuestra forma de funcionar tanto en lo personal como en lo profesional? Pues algo tan sencillo como la movilidad y la velocidad del cambio.

Todos llevamos en el bolsillo un Smartphone que nos tiene permanentemente conectados al mundo. De las más de 4MM de apps que hay en el mercado, ¿cómo no encontrar al menos una para cada necesidad? El móvil es nuestra agenda, nuestro reloj, nuestra cámara de fotos, y para muchos una herramienta de trabajo imprescindible. ¡Estupendo! Pues usémoslo. Pero no sólo para estar conectados con nuestros amigos, nuestros familiares y parientes lejanos. ¿Quién no tiene un grupo de Whatsapp hasta con sus primos del pueblo o no está conectado por el Facebook con gente a la que hacía años que no trataba?

Adaptémonos al cambio de comportamiento que ha supuesto en la sociedad. Divirtámonos con la revolución. Juguemos. Participemos. Usemos el poder que tenemos en nuestra mano para opinar, para decidir a quién seguir y a quién no, para criticar o alabar un restaurante, un espectáculo, un hotel. Para filtrar las páginas de chistes con los que más nos reímos, las noticias que más nos interesan… ¿No os vienen a la mente la primavera árabe, o el éxito de formaciones casi desconocidas en las pasadas elecciones del 24M (que han hecho ya una campaña “sin papel”) o el Hematocrítico de Arte?

La tecnología está creada por y para el hombre. Para facilitarnos la vida. ¿Consumís wearables? Esos pequeños dispositivos que, como su propio nombre indica, se llevan en el cuerpo como si fueran complementos que siguen nuestra actividad física, zapatillas con GPS, relojes Fitbit, anillos que ponen en marcha el motor del coche, pulseras, gafas que amplían la realidad virtual, e incluso prendas de vestir que cuentan con un microprocesador y están conectadas a internet. Son capaces de tomar y transmitir datos, e interactuar con otros dispositivos con el objetivo de hacer nuestra vida más fácil. En breve los llevaremos insertados en la piel.

En este momento hay un 1% de wearables pero se espera que en 2020 lleguen a los 50 millones. Y, ¿cómo será nuestra vida cuando el internet de las cosas nos conecte en el hogar? Yo me imagino llegando a casa con mi Fitbit en la mano, yendo a abrir la nevera para coger una cerveza después de un largo día. Pero la nevera está bloqueada y mi Fitbit me dice “hoy no hay cerveza, estás pasada de calorías”. Brrrr…

Pues igual ése es el momento para desconectar la tecnología. Apagar el Fitbit y tomarte esa cerveza que te mereces. Porque lo fantástico de toda esta revolución digital, de esta ola que se nos ofrece para surfear, es que podemos elegir cómo,  cuándo, y cuánto. Una vez más, es la tecnología la que está al servicio del hombre, así que conéctate y desconéctate cuando quieras. ¡Tú mandas!

Parece que la forma en la que ha afectado la revolución digital a nuestras vidas personales es exclusivamente positiva. ¿Por qué no verlo igual en nuestra faceta profesional?

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